Teoría Monetaria Moderna para principiantes 18: Trabajo Garantizado

Una vez comprendido cuál es el funcionamiento de los sistemas monetarios actuales, en los que, -entre otras cosas- un Estado emisor de dinero tiene un amplio margen de maniobra, la Teoría Monetaria Moderna propone una fórmula de política económica muy concreta con la que se pretende alcanzar el pleno empleo sin sufrir inflación: el Trabajo Garantizado (o Job Guarantee en inglés). Esta medida consiste en que el Estado garantiza un puesto de trabajo estable y en condiciones dignas a toda aquella persona que quiera y pueda trabajar. Vamos a explorarlo con detalle.

Acorde al concepto de finanza funcional, al que nos acercamos gracias a la metáfora de la planta, en la que la capacidad productiva de la economía es el tamaño de la maceta y la cantidad de gasto es el agua necesaria para regarla, un aumento suficiente de gasto público permite alcanzar el nivel de máxima producción y pleno empleo. Recordemos: frente a una mayor demanda, y siempre que exista suficiente competencia y los empresarios no tengan su negocio a pleno rendimiento, los empresarios se verían empujados a contratar a nuevos trabajadores para producir al máximo y atender a la nueva clientela, vendiendo así todos los productos que hasta el momento no habían podido vender. Eso lo harían mientras hubiese trabajadores que contratar y capacidad productiva sin utilizar, pero si no fuese el caso, un incremento de la demanda podría hacer que los vendedores aumentaran los precios para ganar más dinero por cada producto vendido. Por eso la finanza funcional habla de aumentar el gasto hasta que se alcance la máxima producción y empleo, pero no más allá, porque podría generar inflación.

No obstante, esta idea tiene tres inconvenientes importantes. El primero es que nada garantiza que el nuevo gasto inyectado en la economía sea utilizado para comprar los productos de empresas que pueden producir más, porque la gente podría querer comprar los productos de empresas que están ya a pleno rendimiento porque tuvieran mejor calidad o precio, incluyendo empresas extranjeras, en cuyo caso podrían generarse tensiones inflacionistas y/o depreciaciones de la moneda, además de que el empresario podría no encontrar trabajadores formados en su sector aunque todavía quedase gente en el desempleo.

Como ya advirtió hace tiempo Hyman Minsky: “Sólo por pura casualidad la demanda agregada sería tal que generase un número suficiente de puestos de trabajo en los lugares correctos para todos aquellos que los necesitasen con salarios suficientemente altos para mantenerse a sí mismos y a sus dependientes.”

A eso se refirió también John Maynard Keynes con las siguientes palabras: “cuanto más cerca estemos del pleno empleo, un mayor incremento de gasto total provocará mayor aumento en los precios, así como aumentos de empleo cada vez más pequeños”.

Randall Wray resume muy bien este asunto: “Con un aumento general de la demanda agregada siempre hay ganadores y perdedores; siempre hay algunas industrias que experimentan un aumento en las ventas mientras que otras se quedan atrás; hay algunos trabajadores que se enfrentan a mejores perspectivas laborales, mientras que otros permanecen desempleados”.

Debido a este motivo se ha considerado tradicionalmente que las políticas keynesianas de impulso de la demanda agregada provocan inflación. Ya en 1926 Irving Fisher ideó una curva gráfica que vendría a poner de manifiesto que si se está cerca del pleno empleo no es posible que exista una baja inflación. Esta curva fue popularizada por William Philips y de ahí que recibiera el nombre de “Curva de Philips”. Años más tarde, en 1975, Franco Modigliani y Lucas Papademos, utilizando un razonamiento parecido, propusieron la Tasa de desempleo no aceleradora de la inflación (o Nairu por sus siglas en inglés), que sería la tasa de paro que no se podría reducir sin provocar inflación. En esto se basan los gobernantes actuales para justificar que en los países haya siempre un cierto nivel de desempleo.

El segundo inconveniente es que, incluso aunque a través de esta vía se alcanzara el pleno empleo, al no existir el miedo al paro, los trabajadores se envalentonarían y exigirían incrementos salariales a sus empleadores, que se verían obligados a sucumbir a tales demandas frente a la imposibilidad de disciplinar con la amenaza del despido (ya que no podrían encontrar sustitutos). En consecuencia, y como ya vimos en el capítulo 16, además de incrementar los salarios podrían incrementar también los precios para no perder margen de beneficio, por lo que podrían surgir tensiones inflacionistas.

Como explicó hace mucho Michal Kalecki: “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el despido dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría mientras que la conciencia de clase y la seguridad en sí misma de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política”.

De ahí también que el famoso economista Karl Marx señalara que a los empresarios no les interese el pleno empleo, sino mantener una bolsa de desempleados a la que llamó “ejército industrial de reserva”, que sería una condición indispensable para el buen funcionamiento de la economía capitalista: “Un ejército industrial de reserva, – un ejército de desempleados permanente-, es necesario para el buen funcionamiento del sistema de producción capitalista y la necesaria acumulación de capital.“

Así que, aunque algunos economistas convencionales digan que cierto nivel de paro es necesario para que no haya inflación, lo cierto es que hay otro motivo que parece explicar mejor por qué se oponen al pleno empleo: porque la existencia de cierta tasa de paro le viene bien a los empresarios.

El tercer inconveniente es que, incluso aunque el nuevo gasto se utilizase para comprar la producción de empresas que no estuviesen a pleno rendimiento y aunque se alcanzara el pleno empleo, ello implicaría un mayor consumo de recursos naturales y de vertido de residuos que sólo lograría aumentar la presión ejercida sobre el medio ambiente, con lo que se estaría solucionando un problema sólo a costa de agravar otro.

En todo esto consisten, al fin y al cabo, las políticas keynesianas al uso: incrementar el gasto público para dinamizar la actividad económica. Pero como decimos, el problema es que dichas políticas suelen provocar 1) cuellos de botellas en determinados sectores que generan tensiones inflacionistas antes de llegar al pleno empleo, 2) mayor poder de negociación de los trabajadores que se traduce en incrementos salariales y, por lo tanto, también de precios, antes de llegar al pleno empleo, y 3) un mayor coste ecológico que agrava el problema medioambiental.

Para sortear todos estos inconvenientes la Teoría Monetaria Moderna propone una nueva receta, el Trabajo Garantizado. En vez de intentar alcanzar el pleno empleo indirectamente a través de la máxima producción, arriesgándote a que algunos sectores aumenten los precios, consiste en alcanzar directamente el pleno empleo. No se trataría de intentar que los empresarios -esperando hacer más beneficios frente a una mayor demanda-, contrataran a todos los desempleados, sino de perseguir el pleno empleo contratando directamente a los desempleados. Así se llegaría al pleno empleo, que es lo importante, aunque no se llegase a la máxima producción, que no es lo importante e incluso puede ser perjudicial en términos medioambientales. Por eso, se trataría de abandonar la típica política keynesiana de estimular la demanda agregada inundando de gasto toda la economía -que es lo que suele generar tensiones inflacionistas- para pasar a inyectar gasto sólo allí donde más se necesita: en el bolsillo de los desempleados.

Esto es precisamente lo que propuso Hyman Minsky en 1965, bautizando la medida como Empleo de Último Recurso. Este nombre se inspira en la función de los bancos centrales, que son conocidos como prestamistas de último recurso porque prestan dinero a los bancos cuando no lo pueden obtener de otra forma. El Empleador de Último Recurso sería el Estado que garantizaría un empleo con un salario digno a las personas cuando éstas lo necesitasen.

Como explicó el propio Hyman Minsky: “El gasto debe dirigirse directamente a los desempleados, en lugar de a los sectores líderes, con la esperanza de beneficiar a los sectores rezagados y los hogares pobres. Por esta razón, un programa de empleo de último recurso debe aceptar a los trabajadores como son y proporcionarles trabajos que se ajusten a sus habilidades.”

Y, claro, esto es algo que puede hacer sin ningún tipo de restricción un Estado emisor del dinero. Puesto que este tipo de Estado puede comprar todo lo que esté a la venta en la unidad de cuenta que él crea, y puesto que los desempleados quieren trabajar a cambio de recibir un salario expresado en esa unidad de cuenta, el Estado puede contratar a todo el mundo sin ningún tipo de limitación. Así se asegura que nadie queda desempleado al mismo tiempo que no se inunda de gasto ninguna empresa, por lo que se resuelve el primer inconveniente señalado.

Para resolver el segundo inconveniente mencionado, las tensiones inflacionistas como consecuencia del pleno empleo, el Trabajo Garantizado utiliza dos vías. La primera consiste en otorgar a los trabajadores garantizados un salario fijo, que no sea negociable al alza ni a la baja pero que permita asegurar una vida digna.

Con ello se pretende que el pleno empleo no empuje al resto de trabajadores a exigir aumentos salariales porque, aunque ya no exista la amenaza del desempleo, sigue existiendo una alternativa menos atractiva que trabajar en el sector privado o público convencional, que es cobrar el salario que ofrece el Trabajo Garantizado, que es el más bajo del mercado laboral. Por lo tanto, el mecanismo de disciplina de los empresarios que dificulta el alza de los salarios sigue existiendo, sólo que en esta situación la alternativa indeseable a perder el empleo no es el paro sino el Trabajo Garantizado. Se trata de una mejora sustancial para los desempleados y trabajadores que al mismo tiempo no incentiva a los empresarios a aumentar los precios para no perder margen de beneficio.

Tal y como lo resume Pavlina Tcherneva: “El Trabajo Garantizado logra que el ejército de reserva de desempleados se convierta en ejército de personas empleadas”

Y como señala, Warren Mosler, es de esperar que dicho salario no sea inflacionario: “Fijando el salario del Trabajo Garantizado en un nivel que no altere los mercados laborales existentes, es decir, un nivel de salario cercano al salario mínimo existente, se puede esperar una estabilidad de precios sustancial”.

Al mismo tiempo, el salario establecido en el Trabajo Garantizado se convierte de facto en salario mínimo de toda la economía, porque ya nadie va a trabajar en ningún sitio cobrando menos ya que siempre se tiene la posibilidad de trabajar para el Trabajo Garantizado por el salario mínimo que se haya establecido. Esto otorga cierto poder de negociación a los trabajadores del segmento inferior del mercado laboral. Imaginemos que el Trabajo Garantizado ofrece siempre un salario a 8 euros por hora, y que algunos trabajadores del sector privado están cobrando 7 euros por hora de trabajo: pues le podrían decir a su empleador “o me aumentas el salario hasta ese nivel, o me voy al Trabajo Garantizado, que siempre está disponible”. Y como los empresarios necesitan que el trabajo sea realizado y nadie va a estar dispuesto a hacerlo por menos salario, se verán obligados a incrementarlo. Pero eso sí, hasta ese nivel y no más allá porque el salario del Trabajo Garantizado es fijo y no puede aumentar. Esto sí que sería establecer de verdad un salario mínimo, tendría mucha más potencia que el salario mínimo que se recoge en la normativa laboral, que luego desgraciadamente es vulnerado por muchos empleadores.

Como explica Pavlina Tcherneva: “Si el Estado ofrece siempre un empleo decente con un salario decente, los empleadores que pagan salarios de pobreza con condiciones laborales precarias tendrían que igualar el salario y las condiciones del Trabajo Garantizado para retener a los trabajadores.¡La legislación sobre el nivel de salario mínimo ya no sería necesaria!”

La segunda vía para no estimular la inflación consiste en ligar el valor de la moneda a algo real, en este caso horas de trabajo. Al garantizar el Estado empleos a un salario fijo, contribuye a estabilizar el valor de la moneda y a reducir las tensiones inflacionistas. Imaginemos, de nuevo, que el Estado paga a los trabajadores garantizados 8 euros por cada hora de trabajo. Eso quiere decir que 1 euro es equivalente a 7 minutos y medio de trabajo. El dinero pasa a tener un equivalente real, y esa medida puede servir se referencia para establecer el precio del resto de productos. Esto se llama patrón-trabajo, haciendo un paralelismo con el antiguo patrón-oro. Al igual que durante el patrón oro el Estado estaba obligado a cambiar una cantidad de su moneda por una cantidad de oro, vinculando así su valor a ese metal precioso, aquí el Estado está obligado a cambiar cantidad de su moneda por una cantidad de trabajo determinada. El Trabajo Garantizado es una forma de anclar el valor de la moneda, previniendo así de la inflación.

En palabras de Mathew Forstater: “Un patrón-trabajo expresa el valor del dinero en términos de trabajo, como el patrón-oro lo expresaba en términos del oro. Pero el viejo patrón-oro no sólo lo expresaba, sino que lo fijaba gracias a que los bancos y autoridades monetarias te cambiaban la moneda por oro. Pero en la actualidad no te la cambian por nada, ni por oro. Con el Trabajo Garantizado se trata de que te la cambien por trabajo.”

Segundo inconveniente superado: se logra alcanzar el pleno empleo sin amenaza de inflación.

Y para resolver el tercer inconveniente, el referido al impacto medioambiental, existen dos elementos que deben incorporarse al diseño del Trabajo Garantizado. El primero es que las actividades a desarrollar por los trabajadores tendrían que orientarse al cuidado medioambiental y también al cuidado de personas, que son las menos intensivas en recursos naturales. Hablamos de reutilización, reparación y reciclaje de productos, electrificación de algunas actividades altamente contaminantes, rehabilitación energética de muchos edificios, repoblación forestal, cuidado de la fauna, de la flora y de los ecosistemas, lucha contra la pérdida de biodiversidad, cuidado de niños y adultos dependientes, etc. De hecho, los autores de la Teoría Monetaria Moderna defienden recientemente la inclusión del Trabajo Garantizado en un programa orientado al cuidado medioambiental que ha recibido el nombre de Green New Deal (o Nuevo Acuerdo Verde).

El segundo elemento es que los nuevos puestos de trabajo se tienen que crear muy cerca del lugar de residencia de los desempleados. De esta forma, no habría apenas incremento en el consumo de energía derivada de los desplazamientos al lugar de trabajo. Por otro lado, esto tiene la ventaja de que se podrían crear empleos en zonas que hoy día están despoblándose por no disponer de muchas oportunidades laborales, lo que revitalizaría la zona y reduciría la desertización demográfica que sufren muchas regiones.

Pero más allá de la superación de los inconvenientes citados, el Trabajo Garantizado tiene otras ventajas que no tienen las típicas políticas keynesianas.

Una de ellas es que el Trabajo Garantizado es altamente estabilizador del ciclo económico. Esto quiere decir que dinamiza la economía en épocas de recesión, y que la enfría en épocas de crecimiento. Cuando hay crisis o recesión económica, los empresarios despiden a muchos de sus trabajadores y estos dejan de recibir sus salarios, por lo que gastan menos y generan menos ventas a las empresas. En cambio, con Trabajo Garantizado, estas personas podrían seguir trabajando y recibiendo un salario, aunque fuese al nivel del salario mínimo, por lo que podrían seguir gastando a un nivel decente y dinamizando un poco la economía. En cambio, cuando hay crecimiento económico, los empresarios necesitan más trabajadores, y los podrían contratar de la bolsa de trabajadores garantizados ofreciéndoles un salario superior al que se cobra en el Trabajo Garantizado, que es el salario mínimo. De esta forma, el Estado dejaría de gastar tanto y por lo tanto no echaría más leña al fuego; el gasto público no sumaría tanto al gasto total en la economía.

Así lo explican Bill Mitchell y Martin Watts: “El Trabajo Garantizado operaría como una influencia contracíclica, aumentando automáticamente el empleo y el gasto del gobierno a medida que se perdieran empleos en el sector privado y disminuyendo los empleos y el gasto del gobierno a medida que el sector privado se expandiera”.

Que el Estado garantice un puesto de trabajo a todas las personas que quieran y puedan trabajar no quiere decir que el tipo de empleo sea de funcionario o de otra figura pública convencional. El Trabajo Garantizado crea una nueva figura laboral, que no es de sector privado, pero tampoco de sector público al uso, caracterizada porque recibe un salario fijo, y que está siempre disponible para todo el mundo. No hay que realizar oposiciones ni ganar un concurso público, simplemente el ciudadano tiene derecho a que el Estado le garantice un puesto de trabajo. Así se logra que personas que tienen más dificultades para estudiar y presentarse a unas oposiciones puedan trabajar.

Stephanie Kelton lo explica con estas palabras: “el Trabajo Garantizado respalda los ingresos y las oportunidades de empleo del trabajador menos cualificado y formado y de aquellos que actualmente experimentan periodos de trabajo más cortos, períodos de desempleo más prolongados y profundas y peores perspectivas de reempleo.”

Pero las actividades a realizar no las decide el gobernante de turno, sino la gente, la sociedad civil. Cualquier persona puede ir a su ayuntamiento a opinar y a votar cuáles serán las actividades que se realizarán gracias al Trabajo Garantizado. A lo mejor detectan que hay necesidades de cuidados a niños, o necesidades en el centro de salud o hospital, o en el colegio, o en el cuidado de los montes cercanos a la localidad, etc. Al fin y al cabo son los vecinos quienes mejor conocen qué actividades son más necesarias y útiles.

Como explica Fadhel Kaboub: “El Trabajo Garantizado también tiene el potencial de asegurar la participación de las bases en el nivel local de toma de decisiones, mejorando así los procesos democráticos. Además, permite a la comunidad valorar las actividades económicas ajenas al mercado, como el cuidado de los ancianos, la crianza de los hijos y el trabajo doméstico no remunerado. Tal estrategia podría ser un vehículo para fomentar procesos de producción comunales y no explotadores que utilicen tecnologías que no desplacen mano de obra y no degraden los ecosistemas”.

Además, estos empleos podrían insertarse en alguna organización ya existente, siempre que no tuviese ánimo de lucro. Por ejemplo, una ONG dedicada a cuidados paliativos de enfermos podría contar con cierta infraestructura, conocimientos y experiencia, pero seguro que necesitaría más médicos, enfermeros, psicólogos, etc. pero no tiene dinero para pagarles el trabajo. En este caso, si la sociedad civil decidiese que la actividad es necesaria y útil, se aprobarían nuevos puestos de trabajo, la gestión de las actividades correspondería a la ONG y lo único que haría el Estado es pagar el salario (y controlar que no haya irregularidades, claro).

Como también explica Fadhel Kaboub: “Una característica central del Trabajo Garantizado es que está completamente descentralizado en su diseño e implementación. Los grupos comunitarios locales y las ONG estudiarán las necesidades de la comunidad y contratarán trabajadores para proporcionar dichos servicios. La única característica centralizada del programa es la fuente de financiación, que es el gobierno estatal”.

La única condición a la hora de diseñar las tareas a realizar por los trabajadores garantizados es que no dupliquen las actividades que ya se están realizando.

Como señala Randall Wray: “Los trabajadores garantizados estarían inmersos en actividades socialmente útiles, pero es importante que las actividades del Trabajo Garantizado no compitan con las del sector privado y que al sector público no se le permita sustituir empleados públicos con trabajadores garantizados”

Ser un trabajador garantizado tiene una ventaja enorme frente a ser desempleado. No sólo porque esa persona recibe un salario y en el desempleo no, sino porque trabajando aprende nuevos conocimientos, adquiere nuevas habilidades, gana experiencia, conoce a otras personas, se siente útil aportando a la sociedad… De hecho, recibir un ingreso no suele ser la parte más valiosa de trabajar. Por ejemplo, en Argentina, tras la crisis del corralito de 2001, se crearon 2 millones de empleos en servicios comunitarios en menos de 5 meses, siguiendo una lógica parecida a la del Trabajo Garantizado. Cuando se le preguntó a sus beneficiarios si estaban satisfechos con su trabajo y por qué, el hecho de recibir un ingreso fue la quinta respuesta más elegida. La primera fue que podían hacer algo, la segunda que trabajaban en buen ambiente, la tercera que ayudaban a la comunidad, y la cuarta que aprendían algo.

Además, todo ese desarrollo profesional podría luego servirle al trabajador garantizado para ser contratado por una empresa, a la que ya podría demostrarle que trabaja bien (no como ocurre estando desempleado, porque las empresas suelen huir de ellos al no saber si serán buenos trabajadores); o incluso le podría servir para montar su propia actividad o negocio.

El coste y la financiación de un Trabajo Garantizado no suponen ningún problema para un Estado emisor del dinero, pero incluso aunque nos refiramos a un Estado usuario -que no crea el dinero que utiliza-, estas cuestiones tampoco deberían paralizar la puesta en marcha de esta política. ¿Por qué? Pues porque aunque crear empleos para todo el que quiera trabajar pueda ser bastante caro, mucho más caro es mantener a todas esas personas inactivas en el desempleo. En términos estrictamente monetarios hay que entender que las administraciones públicas gastan muchísimo dinero en prestaciones y subsidios de desempleo, en programas de formación de parados, en ayudas y prestaciones sociales a familias sin recursos… y todo ese gasto no sería necesario si todo el mundo tuviese un empleo y un salario. Además, hay muchísimo gasto público que se destina a paliar muchos problemas que se derivan del desempleo, como la atención psicológica a personas que llevan mucho tiempo en el paro, trabajo social para combatir la exclusión social, e incluso gasto en fuerzas de seguridad y justicia para controlar los delitos derivados en parte por la pobreza y la exclusión social, etc. Si hubiese pleno empleo, habría menos pobreza, menos desigualdad, menos exclusión y mayor paz social, de forma que buena parte de este gasto público menguaría a medio y largo plazo. De ahí que a menudo se diga que el Trabajo Garantizado se paga solo, porque reduce tantos costes como los que requiere su puesta en marcha.

Pero lo monetario no es lo único importante. Hay que tener en cuenta que resulta mucho más caro en términos económicos, sociales y ecológicos mantener paradas e improductivas a personas en vez de que estén trabajando en todo tipo de tareas beneficiosas para la sociedad y el medio ambiente. Por eso, el Trabajo Garantizado es una inversión, no un coste.

Así de tajante se muestra Mathew Forstater: “No hay ninguna política con tantos beneficios potenciales como el pleno empleo con salario digno. Esto es debido a los tremendos costes sociales y económicos del desempleo. Diversos estudios han demostrado que el desempleo está directamente relacionado con las enfermedades físicas y la salud mental así como con la falta de cuidados prenatales. Los individuos se culpan a sí mismos, llevándoles a la depresión. La inseguridad financiera crea estrés y ansiedad. Hay estudios que incluso demuestran la relación entre desempleo y suicidios. El desempleo aumenta la tasa de criminalidad, especialmente en los delitos que generan ingresos”.

Y si alguien se pregunta si la implementación de esta medida generaría un “efecto llamada”, es decir, que muchas personas llegaran desde el extranjero sabedoras de que el Estado les iba a garantizar un puesto de trabajo, se le puede responder con otra pregunta: “¿qué problema hay en que venga gente de otro país a trabajar y a generar riqueza en tu territorio? Tu país sería más próspero y la gente viviría mejor. No hay fácil objeción a este asunto.

En definitiva, el Trabajo Garantizado es una fórmula que permite perfeccionar las políticas keynesianas para alcanzar el pleno sin sufrir inflación. Además, no sólo conlleva creación de puestos de trabajo, sino que también contribuye a reducir la precariedad típica del segmento inferior del mercado laboral estableciendo un salario mínimo de facto. Por último, no sólo brinda un ingreso a los desempleados sino que les ofrece la oportunidad de que se sientan más útiles y de que se desarrollen profesionalmente, al mismo tiempo que se realizan actividades beneficiosas para la sociedad y el medio ambiente. Con el Trabajo Garantizado gana todo el mundo, y su coste de implementación es bastante menor que mantener a la gente desempleada.

Con este capítulo terminamos la exposición de los puntos básicos de la Teoría Monetaria Moderna. En el siguiente realizaremos una recapitulación de todo lo visto y recogeremos algunas conclusiones.

 

 

Referencias:

 

Capítulo de Hyman Misnky: The Role of Employment Policy.” In Poverty in America, edited by Margaret S. Gordon, pp. 175-200. San Francisco: Chandler, 1965.

Artículo de Hyman Minsky: Employer of Last Resort and the War on Poverty http://www.levyinstitute.org/pubs/wp_515.pdf

Extracto de El Capital de Karl Marx sobre ejército industrial de reserva: Producción progresiva de una superpoblación o de un ejército industrial de reserva (capítulo 3) en El capital: crítica de la economía política Karl Marx, Libro I, Tomo III, Siglo XXI editores, ISBN, 978-84-460-1216-0, pág. 91 y ss

Aspectos políticos del desempleo de Michal Kalecki: http://www.revistas.unam.mx/index.php/ROF/article/view/50571/45360

Keynes, John Maynard. The General Theory of Employment, Interest, and Money. New York: Harcourt-Brace and World, [1936] 1964

Artículo de Pavlina Tcherneva sobre demanda agregada dirigida: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.2753/JEI0021-3624450217

Alberto Garzón y Adoración Guamán, El Trabajo Garantizado: una propuesta necesaria frente al desempleo y la precarización (Madrid: Akal, 2015),

Warren Mosler, “Full employment and price stability”. Journal of Post Keynesian Economics Vol: 20 num 2 (1997-1998): 167-182,  https://www.jstor.org/stable/4538575

William Mitchell y Joan Muysken, Full employment abandoned (Cheltenham: Edward Elgar, 2008),

Michael Murray y Mathew Forstater, The Job Guarantee. Toward True Full Employment (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2013)

Pavlina Tcherneva, En favor del Trabajo Garantizado (Berlín: Lola books, 2020).

Mathew Forstater, “Flexible full employment: structural implications of discretionary public sector employment”. Journal of Economic Issues Vol: 32 num 2 (1998): 557-563

William Mitchell y Warren Mosler, “Fiscal policy and the job guarantee”. Australian Journal of Labour Economics Vol: 5 num 2 (2002): 243-259.

William Mitchell y Martin Watts, “The Path to Full Empoyment”. The Australian Economic Review Vol: 30 num 4 (1997): 436-443, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/1467-8462.304043

Fadhel Kaboub, “Elements of a radical counter-movement to neoliberalism: Employment-led development”. Review of Radical Political Economics Vol: 40 num 3 (2008): https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/0486613408319918

Randall Wray y Mathew Forstater, “Full Employment and Social Justice”. En: The Institutionalist Tradition in Labor Economics, editado por Dell Champlin y Janet Knoedler (Nueva York: Sharpe, 2004)

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Fadhel Kaboub, “The Low Cost of Full Employment in the United States”. En: The Job Guarantee. Toward True Full Employment, editado por Michael Murray y Mathew Forstater (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2013),

Vídeo Forstater sobre ventajas del Trabajo Garantizado: https://www.youtube.com/watch?v=OUQROJxI1F4

Vídeo Forstater sobre patron-trabajo: https://www.youtube.com/watch?v=J83EdVW8Lps

Pavlina Tcherneva, “Permanent on-the-spot job creation—the missing Keynes Plan for full employment and economic transformation”. Review of Social Economy Vol: 70 num 1 (2012b): 57-80

Mathew Forstater, “Full Employment Policies Must Consider Effective Demand and Structural and Technological Change”. En: A Post Keynesian Perspective on Twenty-First Century Economic Problems, editado por Paul Davidson (Cheltenham, Edward Elgar, 2002),

Malcom Sawyer, “Employer of last resort: could it deliver full employment and price stability?” Journal of Economic Issues Vol: 37 num 4 (2003):

Eduardo Garzón y Esteban Cruz: Trabajo Garantizado Verde y Morado https://revistainclusiones.com/carga/wp-content/uploads/2021/03/5-Garzon-et-al-VOL-8-NUM-Esp.-AbrJun-Universidad-Extremadura2021INCL.pdf

Experiencias internacionales de Trabajo Garantizado: https://www.lamarea.com/2014/11/06/experiencias-internacionales-de-empleo-garantizado/

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