Teoría Monetaria Moderna para principiantes 20: Críticas

Desde el primer momento de su existencia, allá por los años 90 del siglo pasado, la Teoría Monetaria Moderna ha sido criticada desde distintos frentes. Al principio, las críticas eran amistosas, realizadas por autores poskeynesianos, aunque ciertamente todavía eran bastante rudimentarias, al igual que también lo era la Teoría Monetaria Moderna. En cambio, con su desarrollo conceptual y su salto a la fama en los últimos años, las críticas se han disparado y, desde luego, no han sido tan amistosas como las originales.

Muchas de ellas han sido emitidas por economistas muy alejados de los planteamientos teóricos poskeynesianos, y de ahí que dé la impresión de que no la comprendan bien (si es que se la han leído, cosa que a veces no parece).  El resultado ha sido un cúmulo de reproches sin apenas rigor académico y con un evidente desprecio e intención de descrédito. Algunos ejemplos reconocidos los conforman las críticas de Paul Krugman, Olivier Blanchard, Kenneth Rogoth o Lawrence Summers. No abordaremos aquí estas críticas porque, sinceramente, se responden solas simplemente con una buena comprensión de lo que es la Teoría Monetaria Moderna. Y, por supuesto, tampoco abordaremos aquí las chorradas que repiten algunos que no tienen ni idea de economía, y que suelen decir cosas como “imprimir billetes genera inflación”, o “eso se ha aplicado en Venezuela y mira cómo están”. Éste es un espacio serio y riguroso y no tiene cabida para estas tonterías.

En cambio, hay críticas mucho más interesantes, que revelan que sus autores sí han leído las aportaciones de la Teoría Monetaria Moderna, y que son rigurosas y constructivas. Es sobre ellas de lo que va este vídeo.

Sin ánimo de ser exhaustivos, podemos dividir las críticas más importantes en cinco grupos diferentes en función de la temática analizada: 1) Aportación académica, 2) La naturaleza y origen del dinero, 3) Consolidación del Estado y el banco central; 4) La restricción externa, 5) El Trabajo Garantizado

Empecemos con la primera: la aportación académica de la Teoría Monetaria Moderna. Muchos autores han señalado que la Teoría Monetaria Moderna no aporta nada nuevo al debate, que se limita a recoger planteamientos teóricos de autores que escribieron hace tiempo, y que en todo caso lo poco que aporta nuevo -que sería básicamente el Trabajo Garantizado- adolece de importantes fallas. En palabras de Thomas Palley, “Lo que es correcto de la Teoría Monetaria Moderna ya era conocido, mientras que lo que es nuevo es incorrecto”. De ahí que muestren su disconformidad con el calificativo de “moderna” en su propio nombre.

Pero lo cierto es que ese adjetivo no se refiere a la novedad de la teoría, sino a que en la actualidad el dinero que se utiliza en nuestras economías es moderno en el sentido de que es fiat, que no tiene que ser respaldado por oro ni por nada más, algo que sólo ocurre desde agosto de 1971 cuando se abandonó el sistema de Bretton Woods. De ahí que algunos crean que quizás un nombre más adecuado sea “Teoría de la Moneda Moderna”.

Además, los defensores de este enfoque teórico siempre han señalado que sus planteamientos se inspiran en las enseñanzas de economistas del pasado. Por ejemplo, como señalan Scott Fulwiler, Stephanie Kelton y Randall Wray: “Como escuela teórica de pensamiento, la Teoría Monetaria Moderna bebe notablemente de los análisis de Keynes de la economía monetaria de producción, de la Finanza Funcional de Abba Lerner, de la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky, de los balances sectoriales de Wynne Godley, y los trabajos de George Friedich Knapp y Mitchell Innes, quienes independientemente desarrollaron teorías chartalistas del dinero. Estos son nuestros antepasados y la Teoría Monetaria Moderna es una amalgama de sus contribuciones más importantes”. Se podría argumentar que dicha amalgama no es el resultado de un proceso verdaderamente genuino, porque lo único que hace es “sumar” aportaciones ya existentes, pero en mi opinión es un ejercicio analítico muy valioso en sí mismo, que permite entender de forma integrada y coherente el vínculo entre la política fiscal del Estado y los sistemas monetarios y financieros. Algo parecido piensa Marc Lavoie, quien, por cierto, se ha mostrado bastante crítico con la Teoría Monetaria Moderna: “Su contribución reside esencialmente en el análisis y entendimiento de la relación entre el Estado, el banco central y los bancos incluidos del sistema de pagos”.

En cualquier caso, no parece que este tipo de crítica sea relevante. Incluso aunque este enfoque teórico no fuese algo original, ¿qué más da si ayuda a entender mejor las economías modernas y proponer políticas económicas útiles?

Pasemos ahora al segundo tipo de críticas: la naturaleza y origen del dinero.

Tanto economistas marxistas como poskeynesianos han sido muy críticos con la concepción chartalista del dinero, especialmente en relación con su origen como imposición tributaria. Su argumentación se basa en que en los tiempos antiguos se utilizaron mercancías como dinero, por ejemplo el oro y la plata, por lo que el establecimiento de impuestos no habría sido necesario para la aparición del dinero. Por ejemplo, Thomas Palley señala que “desafortunadamente, la Teoría Monetaria Moderna genera una innecesaria controversia asegurando que la obligación de pagar impuestos es la exclusiva razón para el desarrollo del dinero”.

Lo que ha sido contestado por Randall Wray y Eric Tymoigne con lo siguiente: “La Teoría Monetaria Moderna no argumenta que los impuestos sean necesarios para conducir una moneda; sólo que son suficientes. En realidad, seguimos esperando a argumentos lógicos o evidencia histórica que apoye la creencia de los críticos de que hay una alternativa a los impuestos para explicar el desarrollo del dinero. Pero es que no hemos visto alternativa plausible.”

De todas formas, sí es verdad que algunos autores reconocen que, aunque en el pasado el dinero no fuese una creación del Estado sino del mercado, en la actualidad sí lo es. Por ejemplo, Louis-Philippe Rochon y Matías Vernengo señalan que “la soberanía, entendida como el poder imponer tributos y recolectar la ficha elegida, no es la principal explicación de la existencia de dinero, incluso aunque el dinero moderno sí sea en última instancia dinero chartalista”. Por lo tanto, podríamos recuperar la reflexión anterior: ¿qué más da si el dinero no fue chartalista en los tiempos antiguos si lo es en los tiempos actuales, que son los que nos interesan?

Pero bueno, algunos incluso señalan que el dinero no es chartalista en última instancia ni siquiera en la actualidad. Autores marxistas como Michael Roberts, Rolando Astarita o Mario del Rosal, indican que el dinero creado por el Estado está supeditado al funcionamiento del sistema capitalista internacional y a las leyes de valor que operarían en él, no a la capacidad tributaria del Estado como reza el chartalismo. Los Estados no podrían decidir cuánto vale concretamente el dinero que crean porque éste dependería de las relaciones comerciales internacionales que son un reflejo de las capacidades productivas de los países. Éste es un debate bastante enconado que de alguna forma creo que puede tener cierta respuesta satisfactoria con lo que vimos en el capítulo 5: en tanto en cuanto el dinero del Estado opere en su territorio, responderá a lo que el Estado decida que vale, mientras que en tanto se utilice para operaciones internacionales, responderá a lo que sea valorado en el extranjero, y por lo tanto, a la capacidad productiva, exportadora y atractiva de inversiones del país correspondiente, pero también a su capacidad para imponer por la fuerza o por la influencia su utilización, como vimos en el capítulo 6. Por eso, puede argumentarse que el chartalismo sirve para entender por qué el dinero acaba teniendo valor, pero a la pregunta de por qué el dinero de unos Estados tiene más valor que el de otros a nivel internacional, habría que estudiar la jerarquía de poder, en sentido amplio, de todos esos Estados.

Por eso James Juniper, Timothy Sharpe y Martin Watts hacen una distinción entre el poder tributario de los Estados y su poder en general: “argumentar que ‘el valor del dinero emerge de los poderes de la autoridad emisora’ es diferente a decir que ‘el poder imponer tributos es la fuente del valor del dinero’”.

Y es que la Teoría Monetaria Moderna señala que los impuestos no dan valor directamente al dinero, como algunos críticos han comentado, sino indirectamente. Por ejemplo, Perry Mehrling señala que “el argumento de que el poder establecer impuestos es la fuente del valor del dinero no parece muy convincente”. Pero como ya vimos en el capítulo 4, en realidad lo que daría valor al dinero no son los impuestos, sino el trabajo humano realizado para pagar esos impuestos. Pavlina Tcherneva, defensora de la Teoría Monetaria Moderna, lo resume así: “el valor del dinero depende de la dificultad de obtener lo que es necesario para el pago de impuestos”.

Desde otro tipo de enfoques bastante distintos, se suele argumentar que el valor que tiene el dinero del Estado depende de su capacidad para volver a retirarlo de la circulación a través de los impuestos. Según esta visión, el dinero estatal sería un activo financiero más en el que podrían invertir familias y empresas, pero sólo mientras viesen que su valor se mantiene o aumenta. En el caso de que el Estado se excediese creando dinero y no retirándolo a través de impuestos, es decir, registrando déficit público, estos inversores dejarían de valorar tanto el dinero y decidirían invertir en otros activos financieros, incluidas otras monedas. Esta es la tesis de economistas liberales como Juan Ramón Rallo, que señala lo siguiente: “Los agentes económicos pueden estar dispuestos a invertir en moneda fiat, incluso con un propósito distinto al estrictamente tributario, pero para ello el deudor de la moneda fiat (el Estado) deberá cuidar la calidad de sus pasivos”.

Como se puede ver, esa línea de argumentación parece utilizar un idioma diferente. Para la Teoría Monetaria Moderna el dinero no es un activo financiero cualquiera, sino uno emitido por una institución que tiene el monopolio de la violencia y del dinero: el Estado. Por lo que su naturaleza y funcionamiento no tiene nada que ver con los activos financieros que emiten las empresas, y tampoco su valor tiene que ver con la demanda inversora de unos ciudadanos que supuestamente estarían buscando rentabilidad financiera.

Vamos ahora con el tercer tipo de crítica: la consolidación entre Estado y banco central.

Esta crítica es muy habitual: se dice que los autores de la Teoría Monetaria Moderna describen la realidad económica como si el Estado y el banco central fuesen un único actor o cómo si trabajasen en plena armonía, cuando la realidad demostraría que eso raramente ocurre, no sólo porque hay uniones monetarias en las que hay un banco central para muchos Estados, sino porque muchos países han dotado de independencia a sus bancos centrales. Por ejemplo, Brett Fiebiger comenta que “La historia de que el gasto del Estado iguale a la creación de dinero requiere supuestos altamente implausibles; a saber: o que la cuenta del Estado en el banco central no se cargue cuando gasta o que al gastar en depósitos las leyes de las matemáticas ya no operen”. Otros autores como Marc Lavoie apuntan en la misma dirección. “La Teoría Monetaria Moderna presenta historias contraintuitivas, basadas en una consolidación entre la autoridad fiscal y el banco central, y una secuencia lógica abstracta carente de realidad legal y operacional.”

Los autores de la Teoría Monetaria Moderna se defienden de esta crítica argumentando que esa simplificación teórica no sólo resulta muy útil para explicar el funcionamiento de las economías modernas, sino que además revelaría el estado “natural” en el que deberían estar el banco central y el Estado. Cualquier separación entre dichas instituciones respondería a una decisión política artificial y disfuncional, ya que, si se quiere perseguir resultados económicos lo más satisfactorios posible, el banco central está obligado a operar armónicamente con el Estado. Como señalan James Juniper, Timothy Sharpe y Martin Watts: “Ningún modelo puede capturar las diferentes particularidades institucionales que existen en las economías, pero la pregunta relevante es si la imagen ofrecida por la Teoría Monetaria Moderna sobre la operativa de la política fiscal desvirtúa las características intrínsecas de un sistema monetario moderno con un Estado soberano”.

Wray y Tymoigne explican las razones que llevan a realizar dicha consolidación: “Esta lógica ignora las actuales limitaciones institucionales y políticas autoimpuestas sobre el Estado y el banco central por tres razones: primero, el resultado del balance es el mismo independientemente del marco institucional. Segundo, el impacto del gasto del Estado, los impuestos y la oferta de bonos sobre las tasas de interés y los ingresos agregados es el mismo con o sin consolidación. Tercero, el banco central y el Estado trabajan juntos para garantizar que el Tesoro siempre pueda cumplir con sus obligaciones y que el banco central pueda suavizar las tasas de interés. El banco central está involucrado en la política fiscal y el Tesoro está involucrado en la política monetaria”.

El Economista Bill Mitchel apunta, además, que dicha separación artificial entre banco central y Estado responde a una cuestión ideológica: “se erigieron elaboradas restricciones voluntarias sobre la libertad operativa de los emisores monopolistas de la moneda fiduciaria para oscurecer sus capacidades intrínsecas. Estos marcos contables y reglas fiscales están diseñados para dar la (falsa) impresión de que el gobierno está financieramente limitado como un hogar”.

Vamos ahora con el cuarto tipo de crítica: la restricción externa.

Ésta es probablemente la crítica más potente y dura de todas. Consiste en señalar que no todos los países pueden alcanzar el pleno empleo simplemente a través del déficit público, básicamente porque al hacerlo, su débil estructura productiva y exportadora puede conllevar que el nuevo gasto se utilice para comprar productos extranjeros, devaluando mucho así la moneda y generando inflación importada.

En palabras de Thomas Palley. “Parte del aumento de oferta de dinero se dirigirá a la adquisición de saldos en moneda extranjera y compras de importaciones, lo que generará una depreciación del tipo de cambio. Eso, a su vez, puede amplificar la inflación y las expectativas de inflación y también fomentar la inestabilidad financiera.”

También se argumenta que en muchos países, especialmente los que han sufrido históricamente altas tasas de inflación, la depreciación de la moneda es tan frecuente que impide una política fiscal exitosa. Como explica Bruno Bonizzi, Annina Kaltenbrunner y Jo Michell: “Las pequeñas economías abiertas con antecedentes de alta inflación también han demostrado ser propensas al fenómeno de sustitución de moneda o «dolarización», por el cual los agentes económicos internos abandonan el dinero nacional en favor de un depósito de valor más estable.”

Por otro lado, se suele apuntar que, especialmente los países que están en desarrollo, tienden a sufrir fugas de capitales con mucha frecuencia, lo que resulta letal para el valor de sus propias monedas, llegando así al mismo estado señalado antes: depreciación e inflación importada. En palabras de Rodrigo Vergnhanini y Bruno

De Conti “Los países periféricos, en el contexto de la globalización financiera, no son plenamente soberanos a la hora de determinar su propia política macroeconómica. El tipo de cambio está potencialmente bajo la presión de movimientos de flujos de capital. Las políticas monetaria, fiscal y cambiaria en los países periféricos tienen restricciones que no son consideradas por la Teoría Monetaria Moderna.” Gerard Epstein también apunta en la misma dirección: “Aunque los defensores de la Teoría Monetaria Moderna afirman que su marco macroeconómico se aplica a todos los países con “monedas soberanas”, hay pruebas significativas de que no se aplica a la gran mayoría de esos países del mundo en desarrollo que están integrados en los mercados financieros mundiales. Como es bien sabido, estos países están sujetos a los caprichos de los flujos internacionales de capital, a veces llamados «paradas repentinas».

Esta serie de críticas han sido replicadas normalmente señalando que el hecho de que esas economías se enfrenten a dificultades económicas importantes no invalida las enseñanzas de la Teoría Monetaria Moderna. Porque estos planteamientos muestran cómo los Estados pueden utilizar su máximo margen de maniobra fiscal para alcanzar el pleno empleo, pero no resuelve los problemas productivos o financieros que una economía en desarrollo puede tener. Como apunta Randall Wray: “Que la Teoría Monetaria Moderna no pueda encontrar una solución simple a los complejos problemas que enfrentan las naciones en desarrollo no quiere decir que esté equivocada. Sospecho que muchos de los países más pobres del mundo van a estar probablemente jodidos establezcan el régimen de tipo de cambio que sea”.

Wray: “Los principios de la Teoría Monetaria Moderna se aplican a todos los países soberanos. Sí, pueden tener pleno empleo en casa. Sí, eso podría generar déficits comerciales. Sí, eso podría (posiblemente) conducir a la depreciación de la moneda. Sí, eso podría provocar inflación importada. Pero tienen muchas opciones de políticas disponibles si no les gustan esos resultados. Los controles de importación y los controles de capital son ejemplos de opciones de política. El empleo dirigido, la inversión dirigida y el desarrollo focalizado también son opciones de política.”

Y es que señalan que se trata al fin y al cabo de elegir entre distintos escenarios en los que hay distintos ganadores y perdedores: o pleno empleo y algo de depreciación y de inflación, lo que beneficia a la población más desfavorecida y perjudica a la más favorecida; o desempleo y baja inflación y un valor de la moneda estable, lo que beneficia a los de arriba en perjuicio de los de abajo. Se trataría, por lo tanto, de una cuestión política.

Como señala Randall Wray: “Lo que observo en el mundo real es que los tipos de cambio fijos en los países en desarrollo suelen interesar a las élites, a quienes les gustan sus importaciones de lujo y sus vacaciones en Nueva York y Disneyworld. Por lo general, alrededor de la mitad de la población está desempleada o empleada «ocasionalmente» (lavando los parabrisas de las importaciones de lujo en los semáforos). Me parece una mala compensación.”

Por último, abordamos el último tipo de críticas: las relacionadas con el Trabajo Garantizado.

Estas críticas son las más abstractas y escurridizas de todas porque, como nunca se ha llegado a poner en práctica ningún programa de Trabajo Garantizado, el único análisis posible es a través de la imaginación y especulación.

Seguramente la crítica más repetida de todas es que el Trabajo Garantizado podría utilizarse para sustituir o devaluar los empleos típicos del sector público convencional. Si se va a contratar a alguien por un salario mínimo para realizar una actividad muy parecida a la que realiza un empleado público que cobra bastante más, podrían producirse discriminaciones notables. En palabras de Malcom Sawyer: “Algunos de los trabajos proporcionados por los esquemas del Trabajo Garantizado son sustitutos del empleo principal del sector público y, como tales, amenazan con rebajar los salarios de algunos trabajadores del sector público”.

Juniper et al responden a esta crítica de la siguiente forma: “Bajo una administración del sector público más ilustrada en la que la reducción de costes y la transferencia de costes no fueran vistos como una insignia de honor por parte de la alta gerencia y los políticos, los trabajos garantizados y los empleos estándar del sector público se distinguirían. Además, la expansión del sector público con salarios de mercado y el establecimiento de un Trabajo Garantizado no son mutuamente incompatibles”

Otra crítica recurrente consiste en señalar, como ha hecho Tony Ramsay, que “como en épocas de expansión económica los empleadores contratarían a trabajadores garantizados ofreciéndoles un mayor salario, muchas actividades que presuntamente eran útiles y necesarias dejarían de realizarse”. Para resolver este problema, Wray y Watts proponen lo siguiente: “El diseño del Trabajo Garantizado debería contemplar dos componentes: 1. un componente central y fijo que representa el stock de reserva ‘promedio’ durante el ciclo económico típico; y 2. un componente transitorio que fluctúa alrededor del núcleo a medida que la demanda privada fluye y refluye”.

También se suele señalar que sería imposible vincular las habilidades de las personas que quieren trabajar con las características técnicas de los empleos creados, o que no parece muy compatible con la tradición sindical fijar un salario que no sea negociable al alza, o que, aunque no pudiera haber inflación por el lado de los costes salariales, sí que podría haber por el lado de la demanda, ya que los trabajadores tendrían más capacidad adquisitiva pero la producción a la venta no tendría por qué aumentar en la misma proporción. En fin, como decía, críticas muy variadas que se mueven necesariamente en el ámbito de la especulación y que, por tanto, resultan difíciles de replicar sólidamente. En mi opinión, la puesta en marcha del Trabajo Garantizado supone un enorme desafío porque se enfrenta a numerosas dificultades, pero también creo que merece mucho la pena iniciar esa aventura, porque incluso en el peor de los casos arrojaría muchos más beneficios que costes.

Bueno, pues hasta aquí el resumen de la mayor parte de las críticas serias y rigurosas que recibe la Teoría Monetaria Moderna. Evidentemente existen más, pero abordarlas todas sería demasiado ambicioso para un vídeo de estas características. Con este capítulo terminamos la serie de Teoría Monetaria Moderna. Espero de verdad que haya resultado interesante y que haya contribuido a entender mejor este particular enfoque de teoría económica del que seguramente se seguirá hablando mucho en el futuro. Y nada más, hasta el próximo vídeo, y gracias por estar ahí.

 

Referencias:

Críticas alejadas:

Crítica de Paul Krugman: https://www.nytimes.com/2019/02/12/opinion/whats-wrong-with-functional-finance-wonkish.html?module=inline. Accessed 3 April, 2019.

Crítica de Olivier Blanchard: https://www.marketwatch.com/story/what-modern-monetary-theory-gets-plain-wrong—former-imf-chief-economist-2019-06-11

Crítica de Rogoff: https://www.project-syndicate.org/commentary/federal-reserve-modern-monetary-theory-dangers-by-kenneth-rogoff-2019-03

Crítica de Lawrence Summers: https://www.washingtonpost.com/opinions/the-lefts-embrace-of-modern-monetary-theory-is-a-recipe-for-disaster/2019/03/04/6ad88eec-3ea4-11e9-9361-301ffb5bd5e6_story.html?noredirect=on&utm_term=.c7caa9133432.

Crítica de Gregory Mankiw: https://scholar.harvard.edu/files/mankiw/files/skeptics_guide_to_modern_monetary_theory.pdf

Crítica del exgobernador del Banco de Inglaterra https://www.spectator.co.uk/article/the-ideological-bankruptcy-of-modern-monetary-theory

Crítica del ex gobernador Banco Central de India https://www.project-syndicate.org/commentary/borrowing-and-spending-limits-in-ultra-low-interest-rate-environment-by-raghuram-rajan-2020-11?barrier=accesspaylog

Crítica de Juan Ramón Rallo: https://www.casadellibro.com/libro-contra-la-teoria-monetaria-moderna/9788423426799/4797528

Crítica del Instituto Cato https://heinonline.org/HOL/LandingPage?handle=hein.journals/catoj39&div=44&id=&page=

Crítica de Nada es Gratis: https://nadaesgratis.es/admin/el-mito-de-la-teoria-monetaria-moderna

Críticas cercanas:

Crítica de Thomas Palley: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/09538259.2014.957466

Crítica de Brett Fiebiger: http://www.peri.umass.edu/fileadmin/pdf/working_papers/working_papers_251-300/WP279.pdf

Crítica de Marc Lavoie 2013: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.2753/JEI0021-3624470101

Crítica de Marc Lavoie 2019: http://www.taxresearch.org.uk/Documents/RWER89.pdf#page=97

Crítica de Baker y Murphy: https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/B7A8B0C7C80C8F7E38D20BE4F5099C83/S1474746420000056a.pdf/modern-monetary-theory-and-the-changing-role-of-tax-in-society.pdf

Crítica de Tax Justice Network https://www.taxjustice.net/2019/03/05/the-magic-money-tree-from-modern-monetary-theory-to-modern-tax-theory/

Crítica de Tax justice network https://www.nakedcapitalism.com/2020/03/tax-justice-and-modern-monetary-theory-a-guide.html

Crítica de Gerald Epstein: https://www.amazon.ca/Whats-Wrong-Modern-Money-Theory/dp/303026503X

Crítica de Michael Roberts: https://www.sinpermiso.info/textos/critica-de-la-teoria-monetaria-moderna

Crítica de Rolando Astarita: https://rolandoastarita.blog/2018/07/19/economia-k-y-la-teoria-monetaria-moderna-1/

Crítica de Mario del Rosal: https://www.ecobook.com/libros/la-gran-revelacion-de-como-la-teoria-monetaria-moderna-pretende-salvarnos-del-capitalismo-salvando-el-capitalismo/9788494817823/

Crítica de Verghanini y De Conti: https://www.braziliankeynesianreview.org/BKR/article/view/115

Crítica de Bruno Bonizzi, Annina Kaltenbrunner y Jo Michell  http://www.taxresearch.org.uk/Documents/RWER89.pdf#page=46

Crítica de Rochon y Vernengo 2003 Rochon, L.P. & Vernengo, M. (2003) State money and the real world: or Chartalism and its discontents, Journal of Post Keynesian Economics, 26, pp. 57–67.

Crítica de JKH http://monetaryrealism.com/treasury-and-the-central-bank-a-contingentinstitutional-approach/

Crítica de Malcom Sawyer: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00213624.2003.11506635

Crítica de Ramsay: https://www.jstor.org/stable/4538828

Contrarréplicas:

Defensa de Eric Tymoigne y Randall Wray: “A reply to Critics” https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2348704

Defensa de Scott Fulwiller, Randall Wray y Stephanie Kelton http://www.peri.umass.edu/fileadmin/pdf/working_papers/working_papers_251-300/WP279.pdf

Defensa de James Juniper, Timothy Sharpe y Martin Watts https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.2753/PKE0160-3477370205.2015.11082991

Defensa de Mitchell y Martin Watts: https://www.researchgate.net/publication/237350425_In_Defense_of_Employer_of_Last_Resort_A_Response_to_Malcolm_Sawyer

Defensa de Randall Wray: https://www.nakedcapitalism.com/2014/02/randy-wray-mmt-external-constraints.html

Defensa de Bill Mitchell: http://bilbo.economicoutlook.net/blog/?p=34200

Defensa de Bill Mitchell: http://bilbo.economicoutlook.net/blog/?m=20190307

 

 

 

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