Teoría Monetaria Moderna para principiantes 8: Deuda pública

Ya hemos visto cuál es la visión que tiene la Teoría Monetaria Moderna sobre el déficit público, y cuán diferente es de la visión dominante. En este vídeo haremos lo propio con la visión de la deuda pública, un concepto estrechamente vinculado al déficit público, por lo que algunas cosas nos sonarán.

La visión convencional presenta la deuda pública como el volumen de dinero que ha necesitado pedir prestado el Estado para hacer frente a sus déficits. Es decir, la deuda pública es la acumulación de déficits públicos. Este dinero provendría del bolsillo de empresas o familias del sector privado, y tendría que ser devuelto en un tiempo junto con unos intereses. Esto sería algo negativo per se y siempre acorde a la visión dominante, fundamentalmente por tres motivos, aunque dos de ellos ya los conocemos.

El primero es el efecto desplazamiento. Como recordaremos, éste implicaría que, al absorber recursos financieros del sector privado para financiar su déficit, el Estado estaría secando el mercado de crédito y por lo tanto las empresas y familias tendrían más dificultades para obtener financiación, por lo que no podrían consumir ni invertir tanto, lo cual es negativo para la actividad económica. El segundo motivo es la equivalencia ricardiana. Ésta implicaría que, frente a las futuras subidas de impuestos del Estado para reducir su deuda pública, las empresas y familias aumentarían su ahorro dejando de consumir e invertir, perjudicando también así a la actividad económica.

A estos dos motivos se sumaría otro nuevo: el pago de intereses. Mientras se siguiese registrando déficit público, el Estado tendría que pagar los intereses del primer préstamo endeudándose otra vez, pero esta vez en mayor cuantía, por lo que también pagaría más intereses. Al ir vaciando de fondos el mercado de crédito y al ir incrementando la deuda pública, los inversores ya no se fiarían tanto de que el Estado pudiese devolver el dinero, así que el nuevo dinero se lo prestarían a tipos de interés más elevados para compensar dicho riesgo. De esta forma, el Estado vería cómo cada vez tendría que pagar más y más intereses por endeudarse, y se produciría una bola de nieve que sólo lograría aumentar la deuda pública hasta llegar un punto en el que ningún inversor le prestaría dinero por miedo a no recuperarlo, produciéndose así la quiebra o insolvencia, porque el Estado no podría hacer frente a sus compromisos de pago.

Al concebir la deuda pública como algo perjudicial, las propuestas de la visión dominante siempre van por la línea de reducir o suprimir esa cantidad. Muchos estudios han intentado identificar los niveles de deuda pública óptimos que no debería superar un Estado si no quiere enfrentarse a la quiebra y perjudicar a la economía. Seguramente el estudio más famoso de todos es el de Carmen Reinhart y Kennett Rogoff, que establecía que a partir de una deuda pública del 90% del PIB los problemas económicos empezaban a dispararse. Sin embargo, hace no mucho se descubrió que estos economistas habían cometido errores importantes en sus hojas de cálculo de Excel, de forma que, si se corregían, no se encontraba ninguna evidencia de que superar el 90% de deuda sobre el PIB fuese problemático. ¿Error o mala intención?

Pues bien, como ya podemos intuir, la Teoría Monetaria Moderna tiene una visión radicalmente diferente. Para empezar, si el Estado es emisor de su dinero, no necesita en absoluto pedir dinero prestado, crea todo el dinero que necesite para cubrir sus déficits. Es más, sabemos que si no crea el dinero antes, no puede pedir el dinero prestado, porque no existe todavía. Si pide dinero prestado, en realidad el dinero que está pidiendo es el suyo, el que creó hace tiempo. Por ejemplo: las libras que pide prestadas el Estado del Reino Unido en los mercados financieros, son libras que creó en su día el Reino Unido a través de su banco central, porque sólo ese organismo las puede crear.

En consecuencia, desde este punto de vista lo que se llama deuda pública no sería realmente deuda, sino simplemente dinero creado, por lo que no provoca efecto desplazamiento (porque no absorbe recursos privados), no hay equivalencia ricardiana porque no es la antesala de nuevos impuestos (ya que no los necesita para cubrir su déficit), y no tiene que preocuparse por el pago de intereses (porque puede crear dinero para pagarlos). Por lo tanto, lo que se llama deuda pública no sería algo negativo, sino en todo caso positivo, ya que no sería otra cosa que la cantidad de dinero que ha inyectado el Estado en la economía a través de los déficits públicos, y por lo tanto, como ya vimos en el capítulo anterior, la cantidad de ahorro privado que ha creado. De ahí que el economista Randall Wray señale que “los llamamientos a recortar la deuda pública son, por identidad contable, llamamientos a recortar nuestra riqueza financiera. Los partidarios de la austeridad fiscal son, por definición, destructores de riqueza”.

Aumentar la deuda pública es equivalente a crear dinero y por lo tanto aumentar la riqueza financiera del sector privado, esto es por identidad contable y por lo tanto incontestable. Pero ojo, esto no quiere decir que sea positivo incrementar la deuda pública y la riqueza financiera de la gente todo lo que se quiera, porque al hacerlo se puede llegar a punto en el que se generen desequilibrios macroeconómicos como la inflación. Esto nos llevaría a preguntarnos cuánto dinero puede crear un Estado soberano a través de su deuda pública sin provocar desequilibrios macroeconómicos como la inflación pero, como veremos más adelante, éste es un problema de naturaleza muy diferente al de encontrar un nivel determinado de deuda pública que no habría que sobrepasar, que es el típico y el que suele restringir las políticas públicas de los países.

Pero en la práctica los Estados, incluyendo los emisores de su dinero, suelen emitir bonos públicos tomando así dinero prestado de los inversores. ¿Por qué lo hacen? Para poder responder a esta pregunta tendremos que esperar a conocer bien cómo funciona el sistema bancario, algo que haremos en capítulos posteriores, pero baste de momento señalar que es una decisión política voluntaria y no necesaria. De hecho, según el economista Bill Mitchell, esto no es más que una reminiscencia de los años anteriores a 1971, cuando todavía había patrón oro y cuando los Estados tenían que limitar su creación de dinero. “durante la descomposición del sistema de patrón oro en 1971 y el auge del monetarismo los gobiernos sufrieron intensas presiones para que mantuvieran los comportamientos y las estructuras institucionales que limitaban sus capacidades de gasto. Por tanto, los gobiernos siguieron emitiendo deuda aunque financieramente esto ya no era necesario”.

En cualquier caso, ese procedimiento de pedir dinero prestado no es problemático para un Estado con soberanía monetaria plena (es decir, que emite el dinero que utiliza y que no lo vincula a ninguna moneda extranjera ni se endeuda en ella), porque puede evitar la quiebra siempre que quiera. ¿Cómo? Pues creando nuevo dinero para pagar la deuda. Por ejemplo, si alguien le dice al Estado del Reino Unido: devuélveme las libras que te presté más los intereses asociados, al Reino Unido le basta con crear nuevas libras y pagarle. Así de sencillo.

Esto puede sonar raro o ingenuo desde un punto de vista tradicional, pero es algo que incluso han reconocido muchas personalidades e instituciones económicas importantes.

Por ejemplo, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz lo ha comentado más de una vez en sus intervenciones televisivas: “¿Alguien cree que Estados Unidos puede quebrar? El gobierno estadounidense puede crear dinero, y puedes apostar cuál será el nivel de inflación, pero apostar por la quiebra del gobierno es literalmente absurdo”. “La deuda estadounidense es una promesa de pagar dólares estadounidenses, pero el hecho es que nosotros creamos dólares estadounidenses, por lo que los pagaremos. Hay cero probabilidad de quiebra.”

Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, que es el organismo emisor del dólar estadounidense, dijo exactamente lo mismo en esta entrevista: “Estados Unidos puede pagar cualquier deuda que tenga porque nosotros siempre podemos crear dinero para hacerlo, por lo que hay cero probabilidad de quiebra”

El famoso multimillonario Warren Buffet también lo ha señalado muchas veces, por ejemplo, en la siguiente entrevista de 2011 al ser preguntado por la quiebra de Estados Unidos tras ver los problemas que enfrentaba Grecia: “Nosotros tenemos el derecho a crear nuestro propio dinero, ésa es la clave. Grecia perdió el poder de crear su dinero. Si ellos pudiesen crear dracmas ellos tendrían otros problemas, pero no un problema de deuda”.

En el mismo sentido, el expresidente del Banco Central Europeo, Mario Dragui, se quedó sin palabras cuando le preguntaron si el organismo que presidía, que es el emisor de los euros, se podía quedar sin euros: “Bueno, técnicamente no, no nos podemos quedar sin dinero. Tenemos amplios recursos para afrontar todas las emergencias. Es la única respuesta que le puedo dar.”

Incluso el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo comentó en esta entrevista por radio: “Esto es el gobierno de Estados Unidos, En primer lugar: tú nunca tienes por qué quebrar porque creas los dólares, te lo tengo que decir, ok? Por lo tanto no habrá quiebra.”

También la actual presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha recordado recientemente que “El Banco Central Europeo no puede quebrar incluso aunque tenga pérdidas”.

El Banco de Inglaterra, que es el emisor de las libras, también lo señala en este informe:

“Como creador de su moneda doméstica, un banco central siempre puede devolver todas sus deudas nominadas en dicha moneda”.

El presidente de la Reserva Federal de Sant Louis: “Como único creador de dólares, el gobierno de Estados Unidos nunca puede volverse insolvente”

En fin, no quiero aburriros más con esto, aunque hay muchos más ejemplos. Creo que queda claro que el emisor del dinero, cuando tiene soberanía monetaria plena, puede evitar la quiebra siempre que quiera. Tampoco tiene que preocuparse por el tipo de interés que demandan los inversores (la famosa prima de riesgo), porque como estos saben que cobrarán siempre porque el Estado puede crear dinero, no se ponen tiquismiquis exigiendo tipos de interés más elevados. Y es que si se pusieran tiquismiquis el Estado pasaría de ellos porque no los necesita para financiar su gasto, por lo que se quedarían sin inversión y eso no lo quieren en absoluto. Ellos saben que es mejor cobrar poco que nada. Por eso Estados Unidos o Japón tienen una deuda pública elevadísima pero con tipos de interés muy reducidos.

Pero como decía, esto no quiere decir que elevar hasta el infinito la deuda pública no tenga consecuencias negativas. Las puede tener, por ejemplo de tipo inflacionario, pero lo que debe quedar claro es que la preocupación en todo caso sería esa, pero nunca el nivel de déficit público o de deuda pública que se alcance. Esto es importante porque hoy día se les dice a los Estados: “eh, no gastes más que ya tienes mucho déficit o mucha deuda pública” pero no se les dice: “eh, no gastes más que ya hay mucha inflación”. La distinción es muy importante, porque por ejemplo estamos acostumbrados a ver situaciones en las que los Estados recortan su gasto a pesar de tener una inflación reducidísima o incluso en terreno negativo, lo cual no tiene ningún tipo de sentido económico. Más tarde desarrollaremos esto.

¿Y qué pasa con los Estados o administraciones públicas usuarias del dinero y no emisoras? Pues que funcionan de una forma muy parecida a la que lo hacen empresas y familias: si tienen déficit tienen que pedir dinero prestado sí o sí, porque no lo pueden crear. Por eso estos entes públicos sí podrían quebrar si no consiguiesen suficiente dinero para afrontar su deuda. Se encuentran en una situación mucho más delicada que los Estados emisores. Y le ocurre igual a los Estados que se endeudan en una moneda extranjera, porque para hacer frente a sus pagos tienen que conseguir una moneda que no crean; (por eso Grecia tuvo problemas en el año 2012, porque se había endeudado en euros, que no los puede crear; o a Argentina o Venezuela, que se endeudan en dólares, que no los pueden crear); también le ocurre igual a los Estados que vinculan su moneda al oro o a algún otro activo, porque no pueden crearlo ilimitadamente (como pasaba antes de 1971), o los que se comprometen a vincular su moneda a otra, porque si quieren mantener el compromiso no pueden crear todo el dinero que quieran.

Es importante recordar que los Estados usuarios o administraciones públicas regionales utilizan el dinero que crean otros Estados, por lo que estos podrían crear dinero y suministrárselo de forma gratuita o privilegiada. Que es, por cierto, lo que ocurre en la actualidad en la Eurozona: el Banco Central Europeo, el organismo emisor de los euros, está creando dinero para comprar deuda pública de los Estados miembros de la Eurozona (aunque en el mercado secundario), evitando así su insolvencia. Por eso Grecia, o la propia España, no tienen riesgo de insolvencia y una prima de riesgo muy reducida a pesar de tener niveles de deuda pública elevadas. Esto es lo mismo que si el banco central creara dinero para pagar la deuda que ha contraído tu familia. Evidentemente así tú no tendrías problemas financieros, porque el emisor del dinero te estaría salvando el cuello.

Recapitulando, la Teoría Monetaria Moderna entiende la deuda pública como la riqueza financiera neta total que ha inyectado el Estado a través de sus déficits públicos, tanto en el caso de un Estado emisor como en el de uno usuario. Por otro lado, esa deuda pública no es un problema para un Estado con soberanía monetaria plena, pero sí lo puede ser para uno que no se encuentre en esa situación. ¿Y por qué entonces Estados con soberanía monetaria plena también piden dinero prestado? Para poder entender esto de forma más específica necesitamos conocer cómo funciona el sistema bancario, y es lo que haremos en los próximos vídeos.

 

 

 

 

 

 

Referencias:

Woodford, Michael. 1990. “Public debt as private liquidity.” American Economic Review 80: 382-388. https://www.jstor.org/stable/2006605?seq=1

Aiyagari, S. Rao and Ellen R. McGrattan. 1998. “The optimum quantity of debt.” Journal of Monetary Economics 42: 447-469.

https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0304393298000312

Collard, Fabrice, Michel Habib and Jean-Charles Rochet. 2015. “Sovereign debt sustainability in advanced economies.” Journal of the European Economic Association 13: 381-420. https://academic.oup.com/jeea/article-abstract/13/3/381/2319767

ARtículo Reinhart y Rogoff: https://www.nber.org/papers/w15639

Artículo Krugman sobre el error de Reinhart y Rogoff: https://elpais.com/economia/2013/04/19/actualidad/1366398440_370422.html

Artículo sobre sostenibilidad de la deuda de James Galbraith http://www.levyinstitute.org/publications/is-the-federal-debt-unsustainable

Artículo de Wray: https://link.springer.com/chapter/10.1057%2F9781137302953_6

Vídeo de Stiglitz https://www.youtube.com/watch?v=HYXASbjErx0

Vídeo de Greenspan https://www.youtube.com/watch?v=HYXASbjErx0

Vídeo de Buffet: https://www.youtube.com/watch?v=Q2om5yvXgLE

Vídeo de Mario Dragui: https://www.youtube.com/watch?v=_fF3pNTtmfc

Vídeo de Donald Trump: https://twitter.com/NeverTrumpPAC/status/729659605937205248?lang=es

Informe Reserva Federal de San Louis https://www.stlouisfed.org/publications/regional-economist/october-2011/why-health-care-matters-and-the-current-debt-does-not

Informe Banco de Inglaterra: https://www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/files/ccbs/resources/understanding-the-central-bank-balance-sheet

Debate Kelton y Krugman: http://groupelavigne.free.fr/kelton2krugman219.pdf

Declaraciones Lagarde: https://www.reuters.com/article/us-ecb-policy-bonds/ecb-cant-go-bankrupt-even-it-suffers-losses-idUSKBN27Z12S

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