Teoría Monetaria Moderna para principiantes. Capítulo 6: Soberanía monetaria

Ya hemos visto que según la Teoría Monetaria Moderna el dinero es una creación del Estado y que, por eso mismo, no necesita recaudar impuestos ni endeudarse para financiar su gasto. De hecho, no puede recaudar nada hasta que no haya creado el dinero y lo tenga la gente. Al no tener restricciones financieras, su capacidad política es muy amplia. Sin embargo, para que no haya confusión conviene dejar muy claro en qué circunstancias esto es exactamente así y en cuáles es diferente, y ése será el propósito de este vídeo.

Es importante que distingamos entre el emisor del dinero y los usuarios del mismo. El Estado que crea el dinero que se utiliza es el emisor, mientras que las familias y empresas que utilizamos dicho dinero somos los usuarios. Estos Estados pueden gastar antes de recaudar (de hecho, ya sabemos que tienen que gastar antes porque si no ese dinero no existiría), pero nosotros no podemos hacerlo porque no podemos crear dinero. Por eso tú y yo tenemos que obtener dinero antes de poder gastarlo, pero esos Estados no, porque crean el dinero que utiliza la gente de su territorio. Ejemplos de Estados emisores son las autoridades sumerias que emitían las silas, Estados Unidos que emite dólares o Reino Unido que emite libras, pero hay muchos más.

Sin embargo, aunque todas las familias y todas las empresas son usuarias del dinero (aunque los bancos juegan un papel especial, como veremos más adelante), no todos los Estados son emisores del dinero, algunos son usuarios, utilizan un dinero que ellos no crean.

Ya mencionamos algunos ejemplos en el anterior capítulo, como algunos países latinoamericanos como Ecuador, Panamá o El Salvador, que utilizan oficialmente dólares estadounidenses, o los microestados Europeos, que utilizan euros o el franco suizo en el caso de Liechtenstein. Pero hay más ejemplos, como los Estados que pertenecen a una unión monetaria, como la Eurozona en Europa o el Área Monetaria Común en Sudáfrica. España, por ejemplo, es un Estado pero utiliza una moneda que emite su unión monetaria, el euro. Namibia es otro Estado pero utiliza una moneda que emite Sudáfrica, el rand sudafricano. España y Namibia no son Estados emisores del dinero, sino que son usuarios. Por lo tanto, en este sentido estos Estados son como las familias y las empresas: ellos sí necesitan obtener dinero antes de gastarlo, a través de impuestos, de endeudamiento o porque se lo entregue gratuitamente el emisor del dinero. No pueden hacer como los Estados emisores del dinero, que gastan sin necesidad de obtener dinero de ningún sitio.

Lo mismo ocurre con todas las administraciones públicas regionales, aunque pertenezcan a un Estado emisor del dinero. Por ejemplo, el Estado de California, perteneciente a los Estados Unidos, es usuario del dólar estadounidense. Berna, cantón del Estado de Suiza, es usuario del franco suizo. Andalucía, comunidad autónoma de España, es usuaria del euro y lo era de la peseta cuando ésta existía. Por eso las comunidades autónomas y los ayuntamientos también necesitan obtener dinero antes de poder gastarlo, ya sea con impuestos o con endeudamiento, o porque se lo transfieran gratuitamente.

En consecuencia, lo que vimos en el capítulo 4, eso de que los impuestos no financian el gasto público, se aplica a los Estados emisores de la moneda, no a los Estados usuarios ni a las administraciones públicas regionales, que son por definición usuarias del dinero. Aunque no podemos olvidar que el dinero que utilizan estos Estados usuarios proviene siempre de un Estado emisor. Es importante tener en cuenta que los emisores de la moneda pueden crear dinero y dárselo gratis o en condiciones muy favorables a estos Estados o administraciones regionales usuarias -lo que ocurre muy a menudo-, por lo que en ese caso tampoco necesitarían impuestos para financiar el gasto, pero eso es algo que exploraremos más adelante.

Pues bien, ocurre que entre los Estados emisores de dinero también hay diferencias importantes. Por un lado tenemos a los que vinculan el valor de su moneda al valor de la moneda de otro Estado, como Dinamarca, algunos países de los Balcanes, del golfo pérsico y del centro de África, que vinculan sus monedas a las del euro y del dólar. Esto implica límites a la hora de crear su propio dinero, porque si crean más de la cuenta entonces el valor de su moneda puede que baje con respecto al de la moneda de referencia, y eso es algo que quieren evitar. En consecuencia, estos Estados no tienen soberanía monetaria plena, porque como se han comprometido a que su moneda esté vinculada a otras no pueden crear todo el dinero que quieran; dependen de lo que hagan los Estados de las monedas a las que se han vinculado. En este caso podrían verse obligados a recurrir a financiar sus nuevos gastos a través de impuestos y no de creación de nuevo dinero. Pero es una limitación autoimpuesta, porque en realidad son emisores de su dinero y podrían cancelar este compromiso y tener las manos libres para crear cuanto dinero necesitasen.

Lo mismo ocurriría en el caso de que un Estado vinculase el valor de su moneda al oro o a cualquier otro activo, como ocurría durante el sistema de patrón oro. En esos años, si querían que el valor de su moneda estuviese estable, no podían recurrir todo lo que quisiesen a creación de dinero, por lo que se veían abocados a financiarse a través de impuestos y de endeudamiento la mayor parte de las veces. Aunque ya hemos comentado que ese compromiso con el patrón-oro era violado muy a menudo, especialmente en conflictos bélicos.

Por otro lado, tenemos a los Estados que, aunque emitan su propio dinero y no lo vinculen a ninguna otra moneda, se han endeudado en una moneda extranjera. En este caso, estos Estados están obligados a pagar sus deudas con una moneda que no emiten, lo que les pone en una situación más comprometida que los que se endeudan en su propia moneda, porque estos últimos siempre podrán pagar sus deudas (creando su dinero y pagando la deuda), como veremos con más detalle dentro de dos capítulos. Pero estos Estados de los que estamos hablando no pueden crear una moneda extranjera para liquidar su deuda. Por ejemplo, Argentina es un país que, aunque emita su propio dinero, pesos argentinos, suele endeudarse en una moneda extranjera, normalmente el dólar. Es importante resaltar que esto es una decisión política (aunque sea tradicionalmente una imposición por parte de organismos internacionales); la clave es que no están obligados a ello.

Por último, tenemos a los Estados que se sitúan en la cúspide de la jerarquía: los que tienen soberanía monetaria plena, porque emiten el dinero que utilizan en su territorio, no vinculan su valor a ninguna otra moneda ni activo, y no se endeudan en moneda extranjera. Ejemplos de estos Estados son Estados Unidos, Japón, Suiza o Australia. En este caso estos países gozan de un espacio fiscal máximo, porque no necesitan recaudar impuestos para gastar, no necesitan obtener ninguna moneda extranjera ni vincular el valor de su moneda a ningún activo, por lo que pueden gastar todo lo que quieran y evitar la insolvencia o quiebra.

Por último, cabe señalar que en algunos casos un Estado con soberanía monetaria plena se autoimpone limitaciones al gasto. Esto ocurre por ejemplo con los Estados Unidos que tienen un techo de deuda o la Eurozona, que obliga a sus Estados miembros a no superar determinados niveles de déficit o deuda. En este caso, si no se quiere vulnerar la disposición legal, no se podría gastar todo lo que quisiese. Veremos esto con más detenimiento en el próximo capítulo. Pero es importante tener claro que éstas serían restricciones voluntarias, de carácter político, no limitaciones técnicas. El economista Randall Wray suele resumir esto de la siguiente forma: “Los Estados con soberanía monetaria plena pueden atarse las manos a la espalda si quieren, pero no existe una buena razón económica para que lo hagan. La política puede hacer que se tomen decisiones alocadas”. El economista australiano Bill Mitchell también nos habla de esto en su brillante libro “La distopía del euro”: “los límites de deuda pública aceptados por los gobiernos son un ejemplo clásico de restricción voluntaria que fácilmente podría ser legislativamente rechazada si el público comprendiera realmente cómo funciona el sistema monetario”.

En el próximo capítulo ahondaremos en todo esto, comenzando por ver qué es el déficit público según la Teoría Monetaria Moderna, tanto para un Estado emisor como para uno usuario, descubriendo así lo diferente que es esta visión de la convencional.

 

 

 

 

 

 

Referencias:

Vídeo sobre emisor y usuario del dinero:

Libro de Bill Mitchell “Distopía del euro

Artículo de Goodhart Goodhart “The Two Concepts of Money: Implications for the Analysis of Optimal Currency Areas.

 

Capítulo 3 de mi libro “Mitos económicos de la derecha

Uniones monetarias

 

 

 

 

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