Una luz al final del túnel que sólo vislumbra el gobierno

Artículo publicado originalmente en el número 10 de La Marea

Últimamente el gobierno de Rajoy está aprovechando cualquier pequeño atisbo de mejora en los datos económicos para hacernos creer que su política comienza a ser exitosa. Aunque reconocen que todavía las cosas están mal, no dudan en sostener con rotundidad que la recuperación económica está llamando a la puerta.

¿Es cierto que algunos indicadores económicos reflejan una evolución positiva?

Depende de cómo se mire. No podemos olvidar dos cosas: 1) un indicador puede medir fenómenos económicos que nos dicen poco o nada sobre el bienestar de la población (por ejemplo, que el índice de la bolsa aumente sólo afecta directamente a una pequeña parte de los ciudadanos, y es perfectamente compatible con un empobrecimiento absoluto del resto de la población), y 2) un indicador puede tener muchas y diversas lecturas, existiendo por tanto la posibilidad de manipular los resultados (por ejemplo, la economía española en su conjunto ahora vende más productos y servicios al exterior de los que compra. Esto nos dicen que es bueno, pero en realidad se debe a que la menor capacidad adquisitiva de los españoles ha hundido las compras que hacían a empresas españolas y a su vez esto ha obligado a muchas empresas españolas a orientar sus ventas hacia el extranjero)

¿Qué indicadores utiliza el gobierno para mostrar una mejoría económica?

El saldo exterior, que como acabamos de comentar, refleja el empobrecimiento de la ciudadanía española. La prima de riesgo; su nivel no es tan elevado como antes, pero esto se debe a la política del Banco Central Europeo, no a la del gobierno español. Los intereses de deuda pública; nos dicen que ha disminuido su cuantía, pero se olvidan de mencionar que sólo ha disminuido desde 38.000 millones de euros a 36.500 (es decir, una miseria). El paro; se siguen destruyendo puestos de trabajo pero a una velocidad inferior a los meses anteriores. Esto, que nos dicen es positivo, no es más que el resultado lógico de una evolución negativa: es imposible que la destrucción de empleo continúe para siempre; en algún momento tiene que detenerse por muy desastrosa que sea la situación económica. La desinversión; aunque las empresas españolas siguen desinvirtiendo, cada vez lo hacen a un ritmo menor. Pero con este fenómeno ocurre igual que con la destrucción de empleo: no se puede estar desinvirtiendo siempre.

¿Podrían estos indicadores reflejar una incipiente recuperación económica?

Absolutamente no. El PIB de la economía española se contraerá cerca de un 2% este año, la tasa de paro continúa por las nubes y no hay ningún indicio de que vaya a reducirse, la deuda de la economía española no deja de aumentar, se comienza a notar el riesgo de la deflación debido al enfriamiento de la economía, la inversión y el consumo están bajo mínimos debido al proceso de desendeudamiento al que están sometidos familias y empresas (y la inversión es el componente más importante para lograr el crecimiento económico en una economía capitalista), el sistema bancario español continúa con enormes problemas de solvencia y por ello no fluye el crédito, la economía española está perdiendo competitividad, y las políticas de austeridad del gobierno (como el reciente recorte en las pensiones públicas) no hace sino reducir todavía más la demanda agregada de la economía. En conclusión, siendo rigurosos y atendiendo a los datos, no hay ningún motivo para suponer que la recuperación económica esté cerca. Más bien todo lo contrario: si no se produce un cambio sustancial en las políticas económicas, la recesión económica continuará con nosotros por mucho tiempo.

Y fuera de España, ¿hay recuperación económica?

Sí, pero de carácter volátil y sólo en determinadas economías. La economía de Estados Unidos está funcionando como un importante motor económico en el planeta, pero sólo porque continúa imprimiendo ingentes cantidades de dinero (que tienen como consecuencia la creación de burbujas en muchos mercados –bolsas, materias primas, bonos corporativos…– que dan sensación de prosperidad –aunque sea ficticia–) y porque sus estímulos fiscales no han desaparecido todavía. Las burbujas estallarán tarde o temprano (recordemos que el sistema financiero mundial –responsable del estallido de la crisis en 2008– no ha sido reformado en absoluto y que por lo tanto seguiremos sufriendo crisis financieras de importantes dimensiones), y el gobierno de Obama quiere poner fin a los estímulos muy pronto. Todo ello probablemente tendrá como consecuencia que los débiles brotes verdes que hoy día vemos en determinadas regiones del planeta lleguen a su fin y den paso a una nueva crisis global.

Los economistas críticos más reconocidos y experimentados ya lo avisaron hace tiempo: la crisis económica que se inició en el año 2008 no es una crisis típica que vaya a superarse pronto y fácilmente, sino que se trata de un importante acontecimiento que marcará un antes y un después en la evolución económica de los países desarrollados. Desgraciadamente, mientras los gobernantes sigan empeñados en las mismas políticas económicas difícilmente podremos esperar una recuperación económica sostenida y satisfactoria.

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