Ventajas e inconvenientes de una economía sin dinero en efectivo (cashless economy)

 

 

En los últimos días se le ha dado mucha bola al tema de la eliminación del dinero en efectivo; esto ha sido así a raíz de una propuesta del grupo parlamentario del PSOE al Congreso de los Diputados que muchos han confundido –consciente o inconscientemente- con una medida que quiere adoptar el gobierno de coalición. Pero lo cierto es que esa propuesta se incluye en una proposición no de ley, es decir, una fórmula parlamentaria que no tiene carácter vinculante sino meramente simbólico, que ha sido presentada por el PSOE (no por el gobierno), y que ocupa sólo una línea en dos páginas de propuestas (por cierto, propuestas para aumentar la recaudación no para combatir el coronavirus como se han inventado algunos por ahí). Por lo tanto, ni es algo que el gobierno quiere adoptar ni creo que lo vaya a hacer. Todo este revuelo más bien parece que responde a la intención de hacer ruido y atacar al gobierno.

Además, yo creo que ha sido una redacción desafortunada de alguna persona del PSOE que lo ha incluido ahí como idea feliz y que no ha sido revisada por nadie. ¿Por qué digo esto? Porque hoy día es muy raro escuchar a alguien pedir la abolición total del dinero en efectivo. En el mundo académico lo que se suele estudiar son las ventajas y los inconvenientes de una economía “cashless”, es decir, una economía con poco dinero en efectivo, no sin dinero en efectivo. Esto último es algo que ni siquiera se contempla en la academia o en los foros de debate económico.

Los países han ido avanzando hacia un mayor uso de dinero digital de forma más o menos natural debido al desarrollo de nuevas tecnologías, y a veces este proceso ha sido ayudado por los gobiernos, pero hasta la actualidad ningún gobierno de ningún país ha pretendido la desaparición completa del efectivo.

Los intentos gubernamentales más sonados para disminuir el uso del efectivo se encuentran en India y en una zona de Nigeria, y en ninguno de ellos se ha llegado a tal extremo. En el primer caso se eliminaron en 2016 las dos denominaciones de billetes más grandes (por cierto, en la Eurozona ha pasado lo mismo con el billete de 500 euros, que lleva más de un año sin emitirse) y en el segundo caso se prohibió en 2012 que los ciudadanos pudiesen sacar en efectivo más de una cantidad determinada de dinero por cada día (una cantidad que supera en varias veces el salario anual medio, por lo que en realidad ha afectado a muy poca gente).

Ni siquiera los países que menos efectivo usan están cerca de verlo desaparecer por completo. En Canadá y Suecia -los países que se sitúan en las primeras posiciones del ránking- se estima que todavía el 41% de todas las transacciones se realizan en efectivo. En España, por cierto, este porcentaje sería del 82%. Estamos muy lejos de que el dinero en efectivo desaparezca de nuestras vidas. Y, como digo, no hay de momento ninguna intención de que eso ocurra, ni siquiera a largo plazo.

¿Por qué? Porque una economía con poco dinero en efectivo tiene muchas ventajas, pero también inconvenientes, y estos serían bastante preocupantes en el caso de que se eliminara por completo el dinero en efectivo. Vamos a ver cuáles son esas ventajas y esos inconvenientes acorde a la literatura académica.

Una primera ventaja evidente es que los costes de crear, gestionar y almacenar todos los billetes y monedas se reduciría hasta su mínima expresión. La Comisión Europea estima que este coste supera el 1,6% del PIB de la Eurozona, que es bastante más que la cantidad que se destina a la Política Agraria Común, es decir, muchísimo dinero. También es cierto que estas actividades crean muchos puestos de trabajo (operarios que crean el dinero, transportistas, vigilantes de seguridad, etc), y que en este caso casi todos se eliminarían, pero serían en parte sustituidos por trabajos relacionados con la informática para gestionar el nuevo dinero electrónico.

Una segunda ventaja es que habría mayor transparencia, por lo que el fraude fiscal, la corrupción, el lavado de dinero o la financiación al terrorismo sería mucho menor. Apenas habría contabilidad B porque todas las grandes transacciones quedarían registradas y no se podría ocultar información relevante a Hacienda ni al supervisor correspondiente.

Esto tiene un lado oscuro y es que parte de la economía sumergida se lleva a cabo por pura supervivencia, no por echarle morro y pagar menos impuestos. Por eso tiene lógica dejar algo de dinero en efectivo en las economías, para que algunas personas no se vean totalmente asfixiadas. Eso o asegurarse primero de que todo el mundo tiene satisfechas sus necesidades básicas y que no necesita acudir a la economía sumergida para sobrevivir.

Por otro lado, esto tampoco solucionaría todo el fraude fiscal, ya que grandes empresas y fortunas utilizan paraísos fiscales para ocultar su dinero a Hacienda, y eso lo hacen con dinero electrónico, no con dinero físico, por lo que podrían seguir haciéndolo.

Una tercera ventaja es que mejora la eficiencia en los pagos. Es más rápido pagar con dinero electrónico que hacerlo con dinero en efectivo porque éste implica muchos tipos de billetes y de monedas. Que se lo pregunten si no a los cajeros de los supermercados. También aumentan las ventas, porque en ocasiones hay deseos de compras que no se materializan porque la persona correspondiente no tiene a mano dinero en efectivo o porque no tiene el tipo de moneda adecuada. Algunos estudios hablan de un incremento de ventas del 20% en algunos sectores como en las máquinas de vending.

Una cuarta ventaja es la seguridad frente al robo. Por ejemplo, si te roban la tarjeta de crédito puedes anularla al instante y no te pueden detraer dinero. En cambio si te roban dinero en efectivo estás jodido. Ahora bien, también se pueden hackear cuentas bancarias, pero concentrar la seguridad en ese tema es más fácil y barato que hacerlo sobre el dinero en efectivo.

Una quinta ventaja es que es más higiénico utilizar dinero electrónico, y esto es algo que se ha hecho muy evidente con la pandemia del Covid19.

Ahora vamos con los inconvenientes. El primero es que la intimidad de la gente queda amenazada. Si todas las transacciones van a quedar registradas, no puede haber secretos, por muy inocentes que sean. Por eso, de nuevo, tiene sentido que haya algo de efectivo, por poco que sea, para que la gente pueda tener márgenes de privacidad.

El segundo es que se genera una elevada dependencia del suministro energético y de las telecomunicaciones. Si el suministro falla aunque sea durante muy poco tiempo, las transacciones no pueden tener lugar. Por eso, de nuevo, tiene sentido que haya algo de efectivo.

El tercero es que no todo el mundo tiene acceso a los sistemas de pago electrónicos ni la capacidad de utilizarlos adecuadamente (piénsese en personas muy mayores o en personas socialmente excluidas, por ejemplo). Ni siquiera en Canadá todo el mundo tiene una cuenta bancaria, porque hay un 4% de la población que está excluida del sistema bancario. Por eso, de nuevo, tiene sentido que haya algo de efectivo.

El cuarto y último inconveniente es que tus ahorros quedan a merced exclusiva del sistema bancario. Por ejemplo, si el banco te aumenta las comisiones y no puedes sacar el dinero… tienes un problema.

En conclusión, la eliminación del dinero en efectivo presenta muchas ventajas pero también muchos problemas. La mejor forma de resolver este asunto es avanzando hacia una sociedad en la que se utilice muy poco dinero en efectivo, pero sin llegar a suprimirlo del todo. Así se disfrutarían de la mayor parte de los beneficios al mismo tiempo que se evitarían la mayoría de los problemas.

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